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La Lectura Oral
lunes, 6 de febrero de 2017
jueves, 11 de agosto de 2016
Lectura 1
Lee la siguinte lectura en voz alta y en la parte de comentarios comente cuantas palabras pudo leer por minuto
Érase una vez dos hermanos gemelos que se llamaban
Juanito y Miguelito. Tenían el mismo color de pelo, los mismos ojos y la
misma sonrisa. Además su madre siempre los vestía igual. Pero había
algo que los diferenciaba: uno era más travieso que otro. Juanito
siempre hacía rabiar a Miguelito hasta que lo hacía llorar.
En vacaciones fueron a visitar a sus abuelos. Ellos vivían en una casa en mitad del bosque donde había muchos árboles y sitios para jugar. Un día, mientras corrían al lado del río, Juanito hacía rabiar a su hermano continuamente así que al final Miguelito decidió esconderse en una casita de madera que encontró por el camino.
Se quedó allí un rato esperando a que Juanito lo dejara tranquilo cuando, de repente, encontró una caja que brillaba mucho. Era una caja preciosa, bastante pequeña y pintada con muchos dibujos antiguos. Miguelito se acercó a la caja y la miró detenidamente hasta que la cogió y la abrió muy despacio. Al abrir la caja, una voz muy dulce le dijo:
- Soy la caja mágica de los deseos. Puedes pedirme todo lo que quieras pero has de ser bueno y no ser egoísta, sino me iré apagando poco a poco hasta no poder hacer realidad los deseos de ningún otro niño nunca jamás.
Miguelito soltó la caja porque se asustó mucho al oír aquella voz, pero rápidamente se acercó de nuevo y volvió a abrirla.
- Pídeme un deseo y te lo concederé, pero piénsalo bien porque tiene que ser un deseo importante - dijo la caja.
Miguelito cerró la caja y la guardó en su mochila. Cuando llegó a casa de sus abuelos la escondió debajo de la cama sin darse cuenta de que su hermano Juanito, estaba espiándole desde la ventana.
Cuando Miguelito salió de la habitación, Juanito fue a buscar lo que su hermano había escondido y se encontró con aquella preciosa caja. Cuando la abrió, la caja le dijo:
- Soy la caja mágica de los deseos. Puedes pedirme todo lo que quieras pero has de ser bueno y no ser egoísta, sino me iré apagando poco a poco hasta no poder hacer realidad los deseos de ningún otro niño nunca jamás.
Juanito, rápidamente, pidió a la caja que aquella habitación se llenase de golosinas para él sólo y la caja le concedió el deseo.
Empezó a comer y comer hasta que llegó su hermano Miguelito. Éste vio todas aquellas chucherías y pidió a Juanito que le dejara comer alguna, pero su hermano le dijo que todas eran para él porque así se lo había pedido a la caja mágica.
Miguelito se enfadó mucho porque su hermano le había quitado la caja y porque además estaba siendo egoísta al no querer compartir con él ninguna golosina. Tenía miedo de que la caja se enfadara así que fue corriendo a abrirla y fue cuando vio que la cajita ya no brillaba tanto.
Miguelito había pensado su deseo, así que cuando la cajita le habló, le dijo:
- Cajita mágica, me encantaría que me ayudases a hacer que mi hermano se portase mejor conmigo, con mis papás y con nuestros amigos y que no fuera tan egoísta.
La caja le concedió el deseo y, por sorpresa, todas aquellas golosinas de la habitación desaparecieron. Juanito se sorprendió mucho, pero algo había cambiado. En vez de enfadarse con Miguelito, se acercó a él y dándole un abrazo fuerte le pidió perdón por haberse portado mal con él.
Miguelito estaba muy feliz, porque la caja mágica había cumplido su deseo. Ahora su hermano Juanito se portaba muy bien con todos y jugaba con él sin hacerle rabiar.
Los dos hermanos guardaron la caja mágica y siguieron pidiéndole deseos. Siempre pedían juntos buenos deseos para su familia y sus amigos y la preciosa caja mágica nunca dejaba de brillar.
Los 2 gemelos y la caja mágica
En vacaciones fueron a visitar a sus abuelos. Ellos vivían en una casa en mitad del bosque donde había muchos árboles y sitios para jugar. Un día, mientras corrían al lado del río, Juanito hacía rabiar a su hermano continuamente así que al final Miguelito decidió esconderse en una casita de madera que encontró por el camino.
Se quedó allí un rato esperando a que Juanito lo dejara tranquilo cuando, de repente, encontró una caja que brillaba mucho. Era una caja preciosa, bastante pequeña y pintada con muchos dibujos antiguos. Miguelito se acercó a la caja y la miró detenidamente hasta que la cogió y la abrió muy despacio. Al abrir la caja, una voz muy dulce le dijo:
- Soy la caja mágica de los deseos. Puedes pedirme todo lo que quieras pero has de ser bueno y no ser egoísta, sino me iré apagando poco a poco hasta no poder hacer realidad los deseos de ningún otro niño nunca jamás.
Miguelito soltó la caja porque se asustó mucho al oír aquella voz, pero rápidamente se acercó de nuevo y volvió a abrirla.
- Pídeme un deseo y te lo concederé, pero piénsalo bien porque tiene que ser un deseo importante - dijo la caja.
Miguelito cerró la caja y la guardó en su mochila. Cuando llegó a casa de sus abuelos la escondió debajo de la cama sin darse cuenta de que su hermano Juanito, estaba espiándole desde la ventana.
Cuando Miguelito salió de la habitación, Juanito fue a buscar lo que su hermano había escondido y se encontró con aquella preciosa caja. Cuando la abrió, la caja le dijo:
- Soy la caja mágica de los deseos. Puedes pedirme todo lo que quieras pero has de ser bueno y no ser egoísta, sino me iré apagando poco a poco hasta no poder hacer realidad los deseos de ningún otro niño nunca jamás.
Juanito, rápidamente, pidió a la caja que aquella habitación se llenase de golosinas para él sólo y la caja le concedió el deseo.
Empezó a comer y comer hasta que llegó su hermano Miguelito. Éste vio todas aquellas chucherías y pidió a Juanito que le dejara comer alguna, pero su hermano le dijo que todas eran para él porque así se lo había pedido a la caja mágica.
Miguelito se enfadó mucho porque su hermano le había quitado la caja y porque además estaba siendo egoísta al no querer compartir con él ninguna golosina. Tenía miedo de que la caja se enfadara así que fue corriendo a abrirla y fue cuando vio que la cajita ya no brillaba tanto.
Miguelito había pensado su deseo, así que cuando la cajita le habló, le dijo:
- Cajita mágica, me encantaría que me ayudases a hacer que mi hermano se portase mejor conmigo, con mis papás y con nuestros amigos y que no fuera tan egoísta.
La caja le concedió el deseo y, por sorpresa, todas aquellas golosinas de la habitación desaparecieron. Juanito se sorprendió mucho, pero algo había cambiado. En vez de enfadarse con Miguelito, se acercó a él y dándole un abrazo fuerte le pidió perdón por haberse portado mal con él.
Miguelito estaba muy feliz, porque la caja mágica había cumplido su deseo. Ahora su hermano Juanito se portaba muy bien con todos y jugaba con él sin hacerle rabiar.
Los dos hermanos guardaron la caja mágica y siguieron pidiéndole deseos. Siempre pedían juntos buenos deseos para su familia y sus amigos y la preciosa caja mágica nunca dejaba de brillar.
Lectura oral
La
lectura en voz alta tiene como finalidad, la transmisión de ideas a los
oyentes, aunque puede ser utilizada para producir impresiones con fines
estéticos. Este tipo de lectura se practica en la actualidad no sólo
con el fin de perfeccionar habilidades lectoras, por el contrario, su
enseñanza y práctica pretende lograr una actitud de apertura hacia los
demás y de cooperación con ellos.
La lectura oral es una experiencia eminentemente social, el individuo lee para un auditorio que lo escucha.
Este tipo de lectura tiene un aspecto mecánico que consiste en la
transcripción de sonidos; y otro expresivo en que además de la
transcripción de sonidos, participa de manera fundamental la entonación
que requiere el texto.
En la lectura oral,
el niño escucha su voz y al hacerlo advierte sus errores, aprende a
darle significado a lo que lee y trata de hacer las pausas que marcan
los signos de puntuación.
En este proceso intervienen dos sentidos: la vista y el oído, que se coordinan para lograr un efecto común.
Los problemas más comunes que presenta la práctica de la lectura oral son:
- Mala pronunciación de las palabras, por rapidez excesiva, problemas de visión y desconocimiento de las letras.
- Omisión de letras.
- Falta de observancia de la acentuación de las palabras.
- Repetición indebida de palabras.
- Omisión de los signos de puntuación.
Para superar estos defectos es necesario hacer las indicaciones a los
niños de la manera en que habrán de articular las palabras, la
pronunciación correcta de las letras y el significado de la acentuación
en nuestro idioma, que puede hacer cambiar por completo el significado
de una palabra; que los signos de puntuación marcan el ritmo de la
lectura además de proporcionar las pausas necesarias de descanso; que
los signos de interrogación y admiración dan énfasis a las ideas
expresadas en el texto, etcétera.
Después de estas indicaciones se requiere de la práctica individual para aplicar las anteriores indicaciones.
Un recurso que favorece el mejoramiento de la lectura oral es el uso de
la grabadora, pues permite que los niños observen y aprecien sus
aciertos y errores. El alumno lee y se realiza la grabación de lo leído,
después se escucha la grabación y el alumno oirá y comprenderá cuáles
fueron sus errores, estudia, repite varias veces, vuelve a leer y se
graba para efectuar la comparación con la primera lectura.
- Claridad: En la articulación, en la pronunciación y en la dicción adecuadas de las palabras.
- Intensidad: Volumen de voz suficiente de acuerdo con el número de escuchas.
- Ritmo: Combinación armónica de las oraciones y respeto a la puntuación.
- Entonación: Modulación de la voz, correspondiente con lo expresado en la lectura.
- Acentuación: Respeto a la acentuación de las palabras.
La educación de la voz y del oído puede lograrse escuchando la dicción
de buenos lectores, de ahí la importancia de la colaboración de los
padres en el hogar y de la ejemplificación del maestro en el aula.
El tema y el lenguaje de los textos seleccionados, deberán estar de
acuerdo con la edad e intereses de niños y niñas. El tema debe guardar
relación con la experiencia del alumno y su vocabulario ha de estar al
alcance de su comprensión. Inicialmente los textos seleccionados deben
tener una estructura de frases sencilla: frases cortas que puedan ser
percibidas y pronunciadas rápidamente.
Cuando los alumnos hayan adquirido cierta experiencia, se introducirán
textos más extensos, ya que el control respiratorio requerido por las
frases largas es mayor y se logra progresivamente.
La lectura oral puede ser también un magnífico recurso para el
aprendizaje, pues la mayoría de los seres humanos tenemos una gran
capacidad de aprendizaje relacionada con la capacidad auditiva.
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